Enero. El mes de las promesas, la báscula y esa sensación de hinchazón que no se va. Muchos buscan soluciones rápidas, dietas milagro y atajos para recuperar el bienestar. La dietista Lina Habjanič lo tiene claro: las modas pasajeras no construyen una salud duradera. La clave está en un enfoque integral que combina una dieta variada, el uso inteligente de alimentos fermentados y, sobre todo, sentido común. Estos son los pilares para una digestión sana, un peso estable y un bienestar real.
El punto de partida: una nutrición con propósito
Cuando le preguntamos a Lina qué la atrajo al mundo de la nutrición, su respuesta fue directa y personal:
“¿Sinceramente? No tanto la alimentación saludable en sí, sino la decisión de adquirir el máximo conocimiento posible en nutrición clínica. El factor principal fue la enfermedad de mi padre, cuando su nivel de vitamina B1 (tiamina) cayó por debajo del umbral crítico y desarrolló el síndrome de Wernicke-Korsakoff”.
¿Qué ocurre en tu cuerpo cuando comes alimentos fermentados?
A menudo se cataloga a los fermentados como “superalimentos”, pero esta etiqueta puede ser engañosa. No todo lo fermentado es sinónimo de saludable.
“Es mejor hablar del efecto combinado de la fibra y las bacterias probióticas. La cerveza, por ejemplo, también es un fermentado y no tiene precisamente el efecto más beneficioso para el cuerpo. A grandes rasgos, puedo resumir que el consumo regular de prebióticos (fibra) y cultivos probióticos, presentes en el kéfir, la kombucha o el kimchi, influye positivamente en las bacterias buenas del intestino. El resultado es una mejor digestión, se mantiene la integridad intestinal y se previene la propagación de la inflamación desde el intestino. Explicado de forma muy, muy simple”.
La fermentación no es una cura milagrosa. Es una pieza fundamental dentro de un enfoque global para cuidar tu bienestar y tu digestión.

Por qué tu intestino sufre especialmente en enero
Después de las fiestas, tu cuerpo necesita un cuidado extra. Problemas como la hinchazón, el cansancio y las molestias digestivas no son casualidad; son el resultado directo de nuestros excesos. Lina lo explica:
“Durante las fiestas solemos consumir cantidades muy altas de grasas, sobre todo saturadas, alimentos ultraprocesados, dulces y alcohol. El consumo de estos tres últimos afecta negativamente a la composición de la microbiota intestinal. Como consecuencia, podemos esperar una respuesta más débil del sistema inmunitario, y en invierno es todavía más importante asegurar su estabilidad”.
Y añade una advertencia clave:
“Ante estos problemas, siempre recomiendo primero encontrar la causa y luego diseñar una intervención nutricional a medida”.
La verdad sobre la pérdida de peso y los fermentados
Los alimentos fermentados no son una solución mágica para adelgazar, pero sí un gran aliado dentro de una dieta equilibrada:
“Ningún alimento por sí solo puede influir en algo tan complejo como cambiar la masa corporal (de hecho, una pérdida de peso rápida es muy, muy perjudicial). Sin embargo, como alimentos de apoyo, por supuesto que ayudan. Especialmente si animan a una persona a consumir más verduras, son bienvenidos. En España tenemos un problema con el consumo adecuado de vegetales, lo que nos lleva a aumentar la ingesta de grasas saturadas de origen animal”.

Reflexiones sobre las modas en nutrición
Lina insiste en que las tendencias nunca deben sustituir a una dieta variada y un estilo de vida coherente:
“Espero que consigamos concienciar a la gente sobre la importancia de una nutrición personalizada. Ojalá haya menos modas y se preste más atención al cuidado integral de la persona. Las tendencias nunca traen nada bueno”.
También observa cambios en los hábitos de los jóvenes, como una reducción en el consumo de alcohol, lo cual es positivo, pero con matices:
“Sí, pero por otro lado, el consumo de azúcares libres y bebidas energéticas es tan alto que ya estamos viendo casos de hígado graso no alcohólico, por ejemplo”.
Las bebidas fermentadas pueden ser una alternativa, pero solo si no contienen azúcares añadidos:
“Claro que pueden serlo. Aun así, es fundamental comprobar si los fabricantes añaden azúcar —revisa siempre la etiqueta— y si contiene algún porcentaje de alcohol”.

Recomendaciones para un enfoque integral
Lina subraya que la nutrición, los fermentados y el estilo de vida funcionan en equipo. Un solo elemento no puede arreglar un sistema complejo:
“Aumentar el consumo de verduras, reducir o eliminar los azúcares libres y disminuir el tamaño de las raciones”.
“Si combinamos, por ejemplo, kéfir + fruta + avena, esta mezcla de fibra y proteína ayuda a promover la saciedad y a mantenerte lleno durante más tiempo”.
“Y sobre todo, un consumo regular, junto con otros factores que definen un estilo de vida saludable: sueño, ejercicio, gestión del estrés…”.
Un enfoque integral es la única vía para una digestión saludable, más energía y un bienestar auténtico.
La nutrición debe ser personal
Las pautas generales pueden ayudar, pero cada cuerpo es un mundo:
“Debe ser personalizada 😉. Lo que funciona para uno no tiene por qué funcionar para otro”.
Adaptar la dieta, los menús y el estilo de vida a cada individuo es lo que garantiza un bienestar duradero y una digestión a prueba de bombas.
Conclusión
La fermentación y los alimentos fermentados no son remedios milagrosos. Son un cambio de mentalidad, de sabor y una pieza clave en la rutina diaria de una nutrición equilibrada. Apoyan tu digestión, tu microbiota, tu sistema inmunitario y tu bienestar general. Es vital entender que las modas no aportan beneficios a largo plazo. Lo inteligente es construir hábitos sólidos, personalizados y con base científica.